Vecina madura provoca a tímido vecino

Llevo tiempo queriendo tener una aventura fuera del matrimonio, muchos dirán que soy una vecina madura un poco caradura. Pero qué le voy a hacer si llegados a este punto de mi cincuentena estoy más cachonda que cuando era universitaria. Tengo marido, sí, y a mucha honra porque él es un buen hombre. Y yo soy madre de dos criaturas preciosas, una Milf de buen ver, con hijos que cada día son más grandes ya. Van conociendo la vida y me he sacrificado mucho por ellos y ahora van siendo mayores y su madre, todavía más. Y yo, necesito más.

Tengo un vecinito muy tímido, todavía vive con los padres y ya debe tener y perdonar la expresión, los huevos negros. Eso a mi me enloquece los huevos grandes del hombre. Desde que se los vi a mi primo cuando éramos pequeños. Eso lo contaré otro día.

Seré más clara todavía, cuando iba a jugar a la bolera con mis amigos de universidad, siempre había uno que me decía, «juguemos al futbolín». Y yo, y todavía lo recuerdo, le decía, «yo prefiero los bolos, son pelotas más grandes». Aunque no sabía ni meter los dedos en los 3 agujeros.

Era así de impulsiva y tenía una mente muy caliente siempre, todo lo que veía con forma de bola me recordaba a los huevos. Y claro, ya ni hablar de las formas fálicas estilo zanahorias o pepinos.

Casada culona: una vecina madura desaprovechada

Y hasta aquí he llegado con ese picor mental y físico que mi marido no me lo puede quitar. Y es porque a él, lo conozco mucho y es también porque la chispa ya se ha ido. Descarté a muchos chicos por escogerlo a él.

Porque todo el mundo sabe que cuando una vecina madura elige a un hombre para casarse, descarta a todos los demás. La elección es mucho más razonada y concienzuda que lo haría un hombre. Y en el camino se quedaron muchos otros chicos. Pero hoy ya me he cansado de él y quiero otra picha, seamos claros. Porque las mujeres somos caprichosas. Lo reconozco. No dejamos de ser niñas nunca.

Mi capricho es un vecino de unos treinta años que vive todavía con sus padres, le provoco cada día lo que puedo cuando subimos en el ascensor. Me muestro tal y como soy, le enseño mis tetas a la mínima que puedo y el otro día logré que entrara en mi piso mientras estaba yo sola.

Pude acertar a poner un poco los cuernos a mi marido, hacerle un poco cornudo, solo mostrándome. Me puse desnuda ante él.

Y así de esta guisa me planté delante de él en el momento justo que lo pude hacer entrar en mi piso. Estaba calentísima lo que pasa que su timidez le impidió siquiera tocarme. Ojalá lo haga porque lo deseo, estar desnuda con el vecino, más que cualquier otra cosa.

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